La Juglaresa de Buenos Aires

María Elena Walsh “la Juglaresa de Buenos Aires”, la creación de un nuevo género musical en el país, y la relación de MEW con el Café – Concert. Son los temas que encontrarás en este completo artículo sobre el paso por los teatros de nuestra Juglaresa de Buenos Aires. Solo un fragmento de su prolífica carrera artística. La biografía completa de María Elena Walsh y toda su obra, la encontrás aquí.

 

El Café – Concert de los ’70

En los años ’70 Buenos Aires vivía el auge del café-concert. Proliferaban los sótanos y bohardillas teatrales donde actuaban Carlos Perciavalle, Antonio Gasalla, Edda Díaz y Nacha Guevara entre los más famosos.

En ese momento se produjo un giro en la carrera de María Elena Walsh. En 1971 estrenó en el Teatro Regina de Buenos Aires un espectáculo unipersonal titulado: “Juguemos en el Mundo”, dedicado a los “ejecutivos” donde cantaba canciones para adultos de su autoría.

Su intención había sido hacer seis funciones presentadas en el estilo del music-hall que Walsh había conocido en París. Pero contó con un éxito masivo de público que lloró a moco tendido con “El 45” o “Zamba para Pepe” y que coreó a toda voz “Manuelita”.

Finalmente realizó 66 funciones en el Regina y luego pasó al teatro Embassy, con la dirección de María Herminia Avellaneda.

 

Nuevo género musical en Buenos Aires: El recital

María Elena Walsh encaró esta nueva faceta artística con tanto éxito que se transformó en “juglaresa de Buenos Aires“, título que mantiene a perpetuidad.  Walsh con “Juguemos en el mundo” inaugura un género con escasa genealogía en Argentina: el recital. 

“El recital no era café –concert exactamente, pero el café –concert tenía mucho de recital”.

“En Saint Germain, Walsh había conocido el recital, una secuencia más o menos coherente de canciones, con algunos recitados intercalados, como seguramente habrán sido las juglarías de otros siglos.  En la Argentina no eran habituales los espectáculos de recital y menos en un teatro.”

Las letras de las canciones para adultos escritas entre 1965 y 1966 paralelamente a Hecho a mano, se publicaron en dos tomos: Juguemos en el mundo (1970) y Cancionero contra el mal de ojo (1976). La situación social y política del país le inspira un amargo rezongo. Walsh es creadora de una nueva canción popular argentina, escribe letras con intención poética y logra una calidad desconocida para el género.

La revista “Confirmado” en un artículo del 6 de junio del 68 se refiere a sus recitales como Otra noche, María Elena agotada, dejó trunco el último bis que concedía (La tortuga Manuelita): el público, sin inmutarse, siguió cantando. La gente no se limita a cantar. Algunos también lloran, sin reservas, a moco tendido, y después lo comunican con orgullo. Ese fenómeno asombroso prueba que María Elena ha tocado una cuerda muy profunda a la que pocos elegidos tienen acceso y casi nunca en forma masiva” (pág.26) 

(Seguir leyendo la Biografía de María Elena Walsh)

Nuevo género de Canciones Populares

Walsh inaugura para el público argentino, acostumbrado a escuchar la protesta dentro del tango o el folklore, un nuevo género de canciones populares. Con un lenguaje diferente cargado de alusiones, humor e ironía, pero no exento de ternura. Y con un trabajo poético de la lengua al estilo de sus maestros franceses Brassens y Trenet, a quienes conoce en Paris en los años ’50.

Dibujó con melodías populares: zambas, vidalas, chamamés y hasta con tangos el perfil de la “tierra de uno”. El público porteño la aplaudió largamente. Luego convirtieron en propias aquellas canciones, como Serenata de uno en donde se habla de las hondas razones que nos ligan a este suelo nuestro:

Porque el idioma de infancia

es un secreto entre los dos

Porque le diste reparo

al desarraigo de mi corazón. 

 

María Elena Walsh escribe una poesía directa y sencilla y demuestra que la Poesía no existe sólo en los temas consagrados ni en las formas tradicionales. Su poema “Como la cigarra” escrito a comienzos de los 70 en homenaje a los artistas populares que deben acostumbrarse a los éxitos y la derrota en un mercado cruel y desmemoriado, es una autobiografía musical.

Tantas veces me mataron

tantas veces me morí

sin embargo estoy aquí

resucitando.

Gracias doy a la desgracia

y a la mano con puñal 

porque me mató tan mal

y seguí cantando.

En el 82 y 83 este tema fue creciendo hasta revelarse como el emblema de la transición hacia la democracia y fue cantado por diferentes artistas en recitales multitudinarios.

 

Fines de los 70: La juglaresa de buenos aires deja de jugar

En la década en que presentó sus espectáculos, de 1968 a 1978, la Argentina pasó de la dictadura, iniciada con Onganía en 1966, al triunfo y la derrota del peronismo. En 1973 Héctor Cámpora llega al poder con elecciones libres que consagran al partido peronista.

La larga y penosa resistencia del partido proscrito acabó con el triunfo electoral y el regreso del líder Juan Domingo Perón al país que ejerció la presidencia hasta su muerte en 1974. En su retorno al país el General Perón toma el poder de manos de Cámpora y asume con su esposa Isabel el gobierno de la República Argentina.

Isabel Perón queda como Presidenta después de enviudar. El golpe militar del 24 de marzo de 1976 que inicia el Proceso de Reorganización Nacional con los generales Jorge Rafael Videla, Emilio Masera y el brigadier Orlando Agosti no deja culminar a Isabel Perón su mandato. Había comenzado el período más oscuro de nuestra historia reciente.

“En julio de 1978, a los cuarenta y ocho años María Elena informaba a la prensa que no seguiría componiendo ni cantando. A diez años del estreno de Juguemos en el mundo, la juglaresa había decidido no jugar más, al menos en un escenario”. 

 

La censura

Entre el ’76 y el ’78 las presiones de la censura eran muy fuertes.  Para el gobierno militar María Elena era una figura molesta, pero pasó a integrar las listas negras del régimen a partir de su artículo Desventuras en el País Jardín de Infantes, publicado en el diario Clarín del 16 de agosto de 1979. 

En este artículo denuncia el tema de la censura como mecanismo paralizante y compara a todos los habitantes del país con niños, ya que ninguno puede ejercer sus derechos libremente: “En lugar de presentar certificados de buena conducta o temblar por si figuramos en alguna “lista”, creo que deberíamos confesar gandhianamente: sí, somos veinticinco millones de sospechosos de querer pensar por nuestra cuenta, asumir la adultez y actualizarnos creativamente, por peligroso que les parezca a bienintencionados guardianes.”

La autora se siente agobiada por compartir el peso de la “frustración generalizada”, por la falta de justicia a quien reclamar por los derechos y porque le duele el cuerpo del país por dentro. Como consecuencia de su osadía por enfrentar el régimen, a las veinticuatro horas de editado el artículo, llegó la orden de que se prohibía toda su obra.

Así fue como decidió su viaje al exterior con Sara Facio. En Paris asistió al estreno de Canciones para mirar llevado al disco por Jairo como Chansons à regarder.

 

 

 

la coherencia del disparate

 

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