María Elena Walsh, una voz inolvidable

La literatura no es solo un espejo, es también un mapa, una geografía de la mente. Nuestra literatura es un mapa tal, si aprendemos a leerla como literatura nuestra, como el producto de quiénes y dónde hemos sido. Necesitamos desesperadamente ese mapa, porque aquí es donde vivimos. Para los miembros de un país o de una cultura, el conocimiento compartido de su lugar, de su aquí, no es un lujo sino una necesidad. Sin este conocimiento no podemos sobrevivir.

Margaret Atwood (Canadá)

La voz inolvidable

Se cumplen hoy nueve años de la desaparición física de María Elena Walsh, el 10 de enero de 2011 en Buenos Aires.

Los que vivimos en Argentina podemos decir indiscutidamente que María Elena forma parte del mapa de nuestra literatura, al decir de Margaret Atwood. Aunque desempeñó diversos roles: poeta, traductora, libretista, compositora, dramaturga, cantante y actriz.   

Nos ha modelado como lectores de su obra y anida en el interior de muchos de nosotros como una voz amiga con quien mantenemos una conversación íntima y valiosa. 

De ayer y de hoy

María Elena Walsh irrumpe en la década del ‘60 con Tutú Marambá, libro que entró a la escuela de contrabando, se transformó en fetiche para adultos y niños y mucho tiempo más tarde devino parte del canon poético infantil, hasta el presente.

Mi nieta Maite, que tiene cinco años, conoce las canciones de “La tortuga Manuelita” y “La Reina Batata”, al igual que innumerables chicos de su edad en el país o en el extranjero. 

Los personajes literarios de Walsh son parte entrañable del imaginario infantil: el Perro Salchicha, el Enanito Carozo, el Gato que pesca, los Ratones que viajan a Tucumán, el osito Osías, la hormiga Titina, Doña Disparate, Bambuco y tantos otros, habitan nuestro mundo gracias al genio de su creadora, que los hizo interactuar en sus cuentos, poemas, canciones y comedias musicales. 

Es curioso el paralelismo entre estos chicos actuales, que cantan las canciones, y la niñez de su autora. 

Ella tuvo un padre inglés, que le enseñó las Nursery Rhymes, unas rimas divertidas y disparatadasque todos los niños de habla inglesa en el mundo conocen cuando comienzan a balbucear su idioma y se encuentran fácilmente en Internet. 

María Elena “amasó” cuando estaba en Francia estos poemas con la materia prima de las Nursery Rhymes.

Los versos, de carácter narrativo, nacieron “pegaditos a la música”, música folkórica de Latinoamérica, que los hizo populares en todos los países de habla hispana. Emplea los modernos medios de comunicación durante la década del ‘60 y la siguiente, para difundir sus creaciones; es pionera en grabar sus poemas musicalizados por ella y narra sus cuentos en discos de vinilo. 

 

María Elena Walsh, en múltiples lenguajes

Trabajó como guionista en los inicios de nuestra televisión.  En 1960 ganó el Premio “Martín Fierro” al mejor guión televisivo por su programa infantil “Buenos días Pinky”, y la Medalla de Oro de la Asociación Argentina de Autores (ARGENTORES) a la mejor telecomedia, “Carola en el Balcón”.

Cuando la entrevisté en S.A.D.A.I.C. junto a mi amiga Mónica Amaré en 1999 nos confesó que había destruido todos los guiones que había escrito para la televisión de Argentina. ¡Qué lamentable pérdida!

Creó comedias musicales para chicos como: Canciones para mirar y Doña Disparate y Bambuco, que se estrenaron en el Teatro San Martín de Buenos Aires y que se han venido representando hasta el presente con un éxito de crítica y de público.

 

Una mirada del mundo

En los años ’70, Buenos Aires vivía el auge del café-concert y en ese momento se produjo un giro en la carrera de María Elena Walsh:  estrenó en 1971 en el Teatro Regina un espectáculo unipersonal titulado: “Juguemos en el Mundo” donde cantaba canciones para adultos a la manera de sus maestros franceses Brassens y Trenet.

Crea una canción popular donde pasa revista a los temas candentes del momento, con una mirada irónica, que coincide con las canciones de protesta, como: “¿Diablo, estás?”, de gran actualidad, o “The kana”, donde satiriza a la policía, o “Fábula de Cocofantes y Eledrilos”, donde aborda el tema de los sucesivos gobiernos militares de facto en Argentina. 

Trata los temas urticantes con gran osadía y se transforma en referente ético, por lo que tiene gran cantidad de seguidores cuando publica sus artículos de opinión en los diarios de actualidad.

 

María Elena en los años de plomo, valentía y convicción irrevocables.

Políticamente, María Elena se declaró pacifista al estilo de Gandhi y Martin Luther King, defensora a ultranza de los derechos humanos; en Argentina participó firmando las solicitadas por la desaparición de personas durante los años de plomo, junto a otras personalidades de la cultura como Ernesto Sábato, Magadalena Ruiz Guiñazú y el Premio Nóbel Adolfo Pérez Esquivel. 

Como periodista, desafió a la censura de los medios. El 16 de agosto de 1979 en plena dictadura militar, escribió una nota para el diario Clarín, titulada:

“Desventuras en el País- Jardín- De- Infantes”

Donde declaraba:

“Sí, la firmante se preocupó por la infancia, pero jamás pensó que iba a vivir en un País-Jardín-de-Infantes. Menos imaginó que ese país podría llegar a parecerse peligrosamente a la España de Franco, si seguimos apañando a sus celadores. Esa triste España donde había que someter a censura previa las letras de canciones, como sucede hoy aquí y nadie denuncia; donde el doblaje de las películas convertía a los amantes en hermanos, legalizando grotescamente el incesto.”(…)

“En lugar de presentar certificados de buena conducta o temblar por si figuramos en alguna “lista” creo que deberíamos confesar gandhianamente: sí, somos veinticinco millones de sospechosos de querer pensar por nuestra cuenta, asumir la adultez y actualizamos creativamente, por peligroso que les parezca a bienintencionados guardianes.

Veinticinco millones, sí, porque los niños por fortuna no se salvan del pecado. Aunque se han prohibido libros infantiles, los pequeños monstruos siguen consumiendo historias con madrastras-harpías, brujas que comen niños, hombres que asesinan a siete esposas, padres que abandonan a sus hijos en el bosque, Alicias que viajan bajo tierra sin permiso de mamá.” (…)

“Todos tenemos el lápiz roto y una descomunal goma de borrar ya incrustada en el cerebro. Pataleamos y lloramos hasta formar un inmenso río de mocos que va a dar a la mar de lágrimas y sangre que supimos conseguir en esta castigadora tierra”. 

Ese artículo marcó un hito en la historia del periodismo argentino.  Al día siguiente toda su obra estuvo prohibida en Argentina y tuvo que viajar al exterior.

Luchas personales y sociales

Un año antes, en 1978, había decidido dejar de componer y de cantar en público, aquejada por un cáncer de fémur.  Soportó varias operaciones dolorosas y quimioterapia, pero en 1982 está recuperada de su enfermedad gracias a la asistencia de su compañera de toda la vida, la artista Sara Facio, pionera de la fotografía en nuestro país, y heredera de la propiedad intelectual de su pareja.

Varias de sus canciones, “Como la cigarra”, “Canción de cuna para un gobernante”, “Oración a la justicia”, “Balada de Comodus Viscach”, “Postal de guerra” o su versión de “We shall overcome”, emblemática marcha por los derechos civiles de Estados Unidos, que tradujo como “Venceremos” fueron símbolo de la lucha por la democracia.

En su larga vida siguió componiendo canciones y escribiendo para adultos y niños, y se desempeñó en el directorio de S.A.D.A.I.C hasta su muerte.

¡GRACIAS MARÍA ELENA!

PORQUE EL IDIOMA DE INFANCIA ES UN SECRETO ENTRE LAS DOS,

PORQUE LE DISTE REPARO AL DESARRAIGO DE MI CORAZÓN…

 

Alicia Origgi


*Foto: Sara Facio

 

la coherencia del disparate

 

2 comentarios en «María Elena Walsh, una voz inolvidable»

  1. Hermosa síntesis! Tu mirada, tu enfoque me despierta no sólo admiración por la incansable y tan versátil creadora sino también una especie de amor a la persona comprometida que fue. Gracias por este recuerdo. Brindo por ella y su legado.

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