La casa natal de MEW parte IV y el DÍA DE LA MUJER

Después de visitar la habitación dedicada a la niñez de MEW, salimos al patio del jacarandá para ingresar en el comedor, la última de las habitaciones recicladas. El pequeño comedor pintado de violeta, como el jacarandá, está dedicado a María Elena y su relación con el feminismo. Aquí los adultos pueden conocer una faceta poco estudiada de la poeta.

Cuando aún no eran tantas las manos que alzaban las banderas de la igualdad de géneros, cuando no eran tantas las voces, ella hablaba a voz en cuello como denuncia y como militancia acerca de la situación de las mujeres en nuestra sociedad. ¿Recuerdan a aquella pobre mujer que se murió de cansada? Hay muchos platos hermosos decorando la pared del comedor, pero estos platos tienen escritos los versos de “Réquiem de madre”

“Aquí yace una pobre mujer

Que se murió de cansada.

En su vida no pudo tener

Jamás las manos cruzadas.

Aleluya me mudo a un hogar

Donde nada se vuelve a ensuciar.”

María Elena Walsh

Si levantamos el auricular de un teléfono negro sobre una mesita, nos canta ese tema…

Hay otros versos suyos de fabulosa contundencia porque reúnen lo genérico y lo social: “Quien no fue mujer ni trabajador piensa que el de ayer fue un tiempo mejor”.

En un armario del comedor se aprecia un video, donde MEW afirma en una entrevista de TV: “Mis heroínas reales son esas mujeres que trabajan dentro y fuera de la casa, crían a sus hijos, se manejan con muy pocos recursos y pueden sacar todo a flote.”

En otra pared nos alerta un cartel con su palabra que resuena como un trueno:

“Las mujeres, como los negros, los colonizados, la clase trabajadora, a medida que tomamos conciencia, menos queremos dádivas, queremos lo que nos pertenece por derecho, y nos arrebatan día a día, es decir, todo.”

La mesa del comedor está servida, los platos son interactivos y tocando un botón podemos conocer otros textos feministas de la autora.

Walsh ejerció como periodista y dedicó muchos artículos en los diarios y revistas a la defensa de las mujeres. Dice refiriéndose a Victoria Ocampo, pero se incluye en la definición: …”la misoginia es una de las más sinuosas formas de violencia que padecemos, quizás la más celebrada por los que, por otra parte, se dicen humanistas”

Había conocido en los `50 en París, las ideas de la filósofa Simone de Beauvoir, que había causado revuelo con su libro El segundo sexo, una defensa del feminismo. Walsh, como intelectual que era, defendió el lugar de la mujer en todos los aspectos en que desarrolló su vida. 

Hasta se dirigió a los más chicos, y en su libro Chaucha y Palito, de 1976, incluye en su autobiografía novelada este pensamiento:

“A una mujer le resultaba dificilísimo – o imposible- realizar muchas actividades, por útiles y buenas que fueran, cuando el novio o el marido (si usaban gomina, peor) se oponían. ¡Y se oponían!

Esto se transformó pero no tanto como se dice. Son ustedes quienes terminarán de modificarlo, espero, y las injustas diferencias entre los sexos, como toda forma de sometimiento entre los seres humanos, les parecerán más prehistóricas que encender fuego con dos piedras.”

Creo que el mejor homenaje que le podemos rendir es agradecerle por todo lo hecho por nosotras en el Día Internacional de la Mujer.

En el comedor también hay un altar destinado a Eva Perón. Aquí se ha filtrado un contrabando ideológico. Los Walsh jamás tuvieron ese altar en su casa porque no fueron peronistas. Sin embargo, María Elena reconoció a Evita como una gran mujer de nuestra historia y le dedicó este vibrante poema, que dejo como cierre.

EVA

Calle 

Florida, túnel de flores podridas.
Y el pobrerío se quedó sin madre
llorando entre faroles sin crespones.
Llorando en cueros, para siempre, solos.

Sombríos machos de corbata negra
sufrían rencorosos por decreto
y el órgano por Radio del Estado
hizo durar a Dios un mes o dos.

Buenos Aires de niebla y de silencio.
El Barrio Norte tras las celosías
encargaba a París rayos de sol.
La cola interminable para verla
y los que maldecían por si acaso
no vayan esos cabecitas negras
a bienaventurar a una cualquiera.

Flores podridas para Cleopatra.
Y los grasitas con el corazón rajado,
rajado en serio. Huérfanos. Silencio.
Calles de invierno donde nadie pregona
El Líder, Democracia, La Razón.
Y Antonio Tormo calla «amémonós».

Un vendaval de luto obligatorio.
Escarapelas con coágulos negros.
El siglo nunca vio muerte más muerte.


Pobrecitos rubíes, esmeraldas,
visones ofrendados por el pueblo,
sandalias de oro, sedas virreinales,
vacías, arrumbadas en la noche.


Y el odio entre paréntesis, rumiando
venganza en sótanos y con picana.

Y el amor y el dolor que eran de veras
gimiendo en el cordón de la vereda.
Lágrimas enjuagadas con harapos,
Madrecita de los Desamparados.
Silencio, que hasta el tango se murió.
Orden de arriba y lagrimas de abajo.
En plena juventud. No somos nada.
No somos nada más que un gran castigo.
Se pintó la República de negro
mientras te maquillaban y enlodaban.
En los altares populares, santa.
Hiena de hielo para los gorilas
pero eso sí, solísima en la muerte.
Y el pueblo que lloraba para siempre
sin prever tu atroz peregrinaje.
Con mis ojos la vi, no me vendieron
esta leyenda, ni me la robaron.

Días de julio del 52
¿Qué importa dónde estaba yo?

II
No descanses en paz, alza los brazos
no para el día del renunciamiento
sino para juntarte a las mujeres
con tu bandera redentora
lavada en pólvora, resucitando.

No sé quién fuiste, pero te jugaste.
Torciste el Riachuelo a Plaza de Mayo,
metiste a las mujeres en la historia
de prepo, arrebatando los micrófonos,
repartiendo venganzas y limosnas.
Bruta como un diamante en un chiquero
¿Quién va a tirarte la última piedra?

Quizás un día nos juntemos
para invocar tu insólito coraje.
Todas, las contreras, las idólatras,
las madres incesantes, las rameras,
las que te amaron, las que te maldijeron,
las que obedientes tiran hijos
a la basura de la guerra, todas
las que ahora en el mundo fraternizan
sublevándose contra la aniquilación.

Cuando los buitres te dejen tranquila
y huyas de las estampas y el ultraje
empezaremos a saber quién fuiste.
Con látigo y sumisa, pasiva y compasiva,
única reina que tuvimos, loca
que arrebató el poder a los soldados.

Cuando juntas las reas y las monjas
y las violadas en los teleteatros
y las que callan pero no consienten
arrebatemos la liberación
para no naufragar en espejitos
ni bañarnos para los ejecutivos.
Cuando hagamos escándalo y justicia
el tiempo habrá pasado en limpio
tu prepotencia y tu martirio, hermana.

Tener agallas, como vos tuviste,
fanática, leal, desenfrenada
en el candor de la beneficencia
pero la única que se dio el lujo
de coronarse por los sumergidos.
Agallas para hacer de nuevo el mundo.
Tener agallas para gritar basta
aunque nos amordacen con cañones.

María Elena Walsh

12 comentarios en «La casa natal de MEW parte IV y el DÍA DE LA MUJER»

  1. Gracias Alicia Origgi por tus comentarios tan detallados y profundos sobre MEW. Me acercaste más a conocerla desde otro punto de vista. Los poemas y el tributo a Eva me mostraron a una mujer desconocida para mí.

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  2. Gracias, Alicia, por presentarnos este recorrido, por tu mirada aguda, por reconocer y difundir siempre los valores de MEW, por mostrarnos a la poeta genial y a la persona sensible y comprometida, inteligente y corajuda, que dice lo que tiene que decir sin temores ni pudores.

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  3. Un placer leer tan fantástica reseña. Alicia nos tiene acostumbrados , pero logra siempre movilizarnos y recordarnos a la inolvidable Maria Elena. Gracias por tu entrega , tu perseverancia y lograr siempre emocionarnos. Te queremos

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    • Gracias Carlos, figuras como nuestra juglaresa merecen que se las recuerde.
      Fui muy feliz yendo a su casa de infancia, que aunque no tenga sus objetos, tiene su esencia poética, que es lo más difícil de capturar.
      Espero que la mantengan y no la dejen caer para las futuras generaciones.
      Un abrazo

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