LOS CUENTOS DE MARÍA ELENA: Dailan Kifki

La literatura infantil es un arrabal, y un arrabal desprestigiante. ¿Quién puede considerar que es escritor en serio alguien que escribe para niños? A esta altura ya no me pasa, pero cuando empecé, había muchos prejuicios.

                                                         María Elena Walsh [1]

Dailan Kifki: 

¿Qué hay detrás de la novela de Maria Elena Walsh que se convirtió en un clásico de la literatura infantil argentina cruzando generaciones?

1966 es un año muy prolífico en la vida de María Elena: publica con Fariña editores tres libros que se convirtieron en clásicos de la literatura infantil: Dailan Kifki, Cuentopos de Gulubú y Versos para Cebollitas.  A partir del 2.000 la editorial Alfaguara reunió todas las publicaciones de la autora para niños en la Colección AlfaWalsh.

Dailan Kifki es una novela para niños que aún no saben leer, pensada para ser narrada por los padres.

 

Historia y peculiaridades sobre Dailan Kifki

Fue estrenado en TV en el Canal 12 de Montevideo. Su armado refleja las secuencias de los capítulos en que se presentó en ese medio. No se conservaron los videos.

Esta novela rompe con la tradición del relato en prosa destinado a los chicos en la literatura anterior a María Elena; el disparate está entroncado con la historia misma.

Se trata de un elefante llamado Dailan Kifki, que vuela con alas “de tul de todos colores, con plumitas, flecos de celofán, adornos de papel plateado, cintas de seda, y hasta una escarapela” (DK 35)

Tradicionalmente el texto disparatado es más común en verso que en prosa ya que la relación entre poesía y contexto no está tan vinculada a las leyes de tiempo y causalidad como en la narración, donde hay un armado lógico que sostiene el texto.

 

La desopilante historia de Dailan Kifki

Se plantea desde el principio una situación disparatada: una chica encuentra en el zaguán de su casa a un elefante que ha sido abandonado con una nota, y decide hacerse cargo del cuidado del animal. A partir de ese momento las situaciones se complican y se vuelven desopilantes.  La historia se narra desde el punto de vista de la protagonista que adopta al elefante.

Cuando el elefante se indigesta, la protagonista le hace una cataplasma con el aserrín que extrae de serruchar los muebles de su casa. Como consecuencia, su familia se sienta literalmente «en el aire» (DK 21), entonces deciden plantar un poroto mágico y esperar a que crezca la madera del mismo para fabricar muebles nuevos.

El poroto crece, se transforma en árbol y alberga en su copa a Dailan Kifki que se había dormido sobre él y que no puede bajar sin la ayuda de unas alas con las cuales parte a sus aventuras, montado por un valiente Bombero.

 

Recursos literarios para alimentar el humor

Cada personaje está caracterizado por su lenguaje, coloquial siempre, pero entremezclado a veces con fórmulas de juego rimadas, de origen folklórico, muy conocidas por los chicos y que producen un efecto humorístico, como en el caso del enanito Carozo repitiendo:

«¿Qué pena le daremos, mantantiru lirulá?» (DK.185), parodiando una conocida ronda.

«- O colaboras con nosotros o marchas preso, virueso de pico pico tueso.» (DK 75), remedando El cuento viruento [2], poema folklórico citado por MEW. La respuesta de los Embajadores:

«- Eso, eso- corearon los Embajadores” remite a la oralidad y la expresión rimada, como sucede siempre a lo largo del relato de las aventuras de Dailan Kifki

«Y yo me fui a dormir, feliz por haber curado la terrible enfermedad de mi elefante pimpante barriga picante.» (DK 19) Era un lugar común entre los chicos de la época decir: “vigilante, barriga picante”.

Podés conocer más sobre el funcionamiento de los recursos retóricos en la obra de María Elena Walsh en este artículo.

 

El folkore, el elemento generador de toda su poética

El conocimiento del folklore influye en la trama del texto, como por ejemplo en esta descripción del escondite del poroto mágico que recuerda una retahíla encadenada:

Adentro del cofre había una caja.

Adentro de la caja había otra caja.

Adentro de esa caja había otra caja.

Adentro de esa caja había un portafolios.

Adentro del portafolios había una cartera.

Adentro de la cartera había un estuche de terciopelo.

Adentro del estuche de terciopelo había un monedero.

Adentro del monedero había un paquetito de papel de seda.

Adentro del paquetito de papel de seda había un poroto. (DK 24) [3]

Se crean neologismos: «Yo les aconsejo que nunca tengan un bicho tan grande, que se contenten con un gatomiau, un perrolín, un canariopo» (DK 103)

«Muchogustomuchogustomuchogusto (DK 61)

«El Chíquitisecretario» (DK 51)

Hay una intención fundante de la realidad a través la creación de nombres conformando un mundo poético, una nueva retórica para la literatura destinada a los chicos, que también puede ser disfrutada por los grandes.

 

Caracterización de los personajes

El mundo ficcional se crea a partir del trabajo con la palabra que se organiza y funciona según leyes propias.

El lenguaje caracteriza a los diversos personajes: el Bombero se expresa en verso; el hermano de la protagonista repite casi siempre las mismas palabras: «estamos fritos». El abuelo es un personaje desopilante que habla con un lenguaje estrafalario que parodia el saber adulto:

«…procederemos a efectuar la investigación cronológica, numismática y peripatética de las huellas dactilares de este proboscidio, en comparación filatélica con los rastros paralelepípedos y sintomáticos descubiertos en el terreno adyacente». (DK 173)

Este lenguaje recuerda al personaje del Dodo, de Alicia en el País de las Maravillas, extraño animal [4] que se expresa en forma grandilocuente y ninguno lo comprende.

 

Intertextualidades en Dailan Kifki

Dailan Kifki asume la relación intertextual con el libro de cuentos: Cuentopos de Gulubú. Se establece el pacto ficcional entre el emisor y el receptor, los hechos del mundo poético de Cuentopos son referentes a partir de los cuales el enunciador crea el mundo del relato de Dailan Kifki otorgando coherencia interna a su discurso.

Se crea un mundo paralelo donde paradójicamente lo ficticio es más real y verdadero que el mundo ‘real’.

La voz narradora plantea que no hay mejor bosque que el de Gulubú porque es un bosque de cuentos, “bien grande y bien de veras, como esos bosques que sólo existen en los cuentos. Con árboles llenos de sabios pajaritos que no están pintados sino vivos. Con un gracioso arroyo donde las ranas aprenden a nadar con trajes de baño a lunares…» (DK 127)

 

Cuentos con bosques

En los Cuentopos, cada cuento tiene como escenario el bosque de Gulubú. En Dailan Kifki se describe ese bosque: «El bosque de Gulubú está planchado en el suelo, y cuando su dueño tira de los alambres, los árboles y los yuyos y las casitas y los bichos aparecen todos como diciendo: ‘-Aquí estamos. Estábamos jugando a la escondida’.» (DK 126)

El enanito Carozo Minujín, quien es el dueño del bosque donde se extravía el elefante, es uno de los personajes de Dailan Kifki y también de Cuentopos de Gulubú: «…el señor enanito me explicó que cuando salía de paseo planchaba el bosque y lo dejaba acostado e invisible para que no se lo robaran ni estropearan. … Porque debo decirles que el bosque de Gulubú no es un bosquecito cualquiera, no es un bosquecito de morondanga como dijo el Abuelo. (DK 127).

 

Escenas del disparate

En ese bosque: “los charcos son de chocolate, o de leche con granadina, o de mermelada, o de arroz con leche con canela, o de gelatina de frambuesa” (DK 147) Esta descripción remite al folklórico país de Cucaña, famoso en la Edad Media, de donde se suponía que la comida se encontraba al alcance de la mano, sin la intervención del esfuerzo de la gente.

En Dailan Kifki aparecen personajes del bosque, como el Grillo Canuto, que reaparecen en Cuentopos y otros personajes conocidos anteriormente por los niños como la hormiga Titina, “con anteojos y delantal” (DK 135) y la Mona Jacinta a la que se alude: “Los trenes, andan como la mona, dicho sea de paso, con perdón de la mona Jacinta, que es una persona muy seria (DK 202)

 

Lugares y nonsense

La casa a la que el enanito Carozo denomina “palacio” tenía ventanitas con cristales de todos los colores que cambiaban constantemente y semejaban un calidoscopio; en ella no había sillas ni muebles ni nada. Aparenta ser grande por afuera, pero es muy pequeña, por eso el Abuelo y la protagonista tienen que entrar y permanecer agachados.

Es una casa en donde todo puede suceder, como la pelota de fútbol que duerme en una cama de cristal o las 800 tacitas de chocolate sobre un fino mantel.

La visita recuerda el episodio de Alicia en el País de las Maravillas donde Alicia queda atrapada en la casa del Conejo por su aumento de tamaño, y también el episodio del té con el Sombrerero Loco, en el que la protagonista, sedienta, nunca puede tomar su té.  En el caso de Dailan Kifki es el elefante el que se bebe las 800 tazas de chocolate, pero sin derramar una gota sobre el mantel.

 

Los números, un engranaje clave en el humor de María Elena Walsh

Los números se usan con la lógica del sinsentido que logra efecto humorístico:

«Efectivamente, la casa quedaba muy cerca. Primero había que contar 17 árboles, pasar un arroyito y medio, dar la media vuelta, contar hasta cuatro, dar 15 pasos de vals para la derecha y luego 14 de tango para la izquierda y.… allí estaba la casa.» (DK 155).

Las cifras que se manejan en la novela son hiperbólicas, junto con las enumeraciones inconexas propias del estilo del disparate:

«…iban como mil setecientas ochenta y muchas personas» (DK 124)

«…compré 780 docenas de ovillos de piolín grueso, 678 kilómetros de tul de todos los colores… y un kilo y medio de no sé qué más que no me acuerdo» (DK 34)

«Yo fui a atender a mi familia y de paso a encargar al mercado 400.000 kilos de avena, 54.672 docenas de bananas, un regimiento de botellas de leche y tres mediaslunas para mi nuevo huésped».  (DK 9)

Nunca un texto infantil argentino se había permitido tanta fantasía y humor disparatado, junto a un uso de lenguaje coloquial y poético a la vez.

Se han hecho muchas reediciones de esta obra y ha sido traducida a varios idiomas: francés, inglés, finés, danés, italiano, chino, turco y ruso. (Fundación María Elena Walsh)

Para conocer el recorrido completo de las publicaciones de María Elena Walsh, recomiendo este artículo que escribí en detalle repasando cada una de las inolvidables obras de la autora.

 

 

 

Referencias

[1] En:  GIARDINELLI, Mempo: Así se escribe un cuento, Buenos Aires, Beas Ediciones, 1992.

 

[2] En: Versos tradicionales para cebollitas, Buenos Aires, AlfaWalsh, 2da. Ed., mayo 2002.

 Había una vieja

virueja virueja

de pico pico tueja

de Pomporirá.

 

[3] Retahíla encadenada mexicana:

Ésta es la llave de Roma y toma.

En Roma hay una calle,

en la calle una casa,

en la casa un zaguán,

en el zaguán una cocina,

en la cocina una sala,

en la sala una alcoba,

en la alcoba una cama,

en la cama una dama (…)

 

[4] El Dodo, Didus ineptus, cuyo nombre proviene del portugués doúdo (‘papanatas’, ‘bobalicón’), era un ave de aspecto pintoresco que medró en la isla Mauricio y desapareció a fines del siglo XVII, a pesar del mal gusto de su carne.

1 comentario en «LOS CUENTOS DE MARÍA ELENA: Dailan Kifki»

  1. Amo la obra de María Helena W. En especial la historia del elefante «Daylán Kifki», No estoy muy segura de la ortografía y, sé, que a mi hija de un año y medio, le leía, la Historia del elefante y le encantaba. Se lo encargué en la Casa del Libro, de la Gran Vía madrileña. Editorial Alfaguara. Se lo regalé a ella y a dos sobrinos míos.
    Fui a «Los bomberos» de la Calle de los Pontones, en la Ronda de SEGOVIA. Se los regalé a los bomberos. Me dijeron que les había gustado mucho, lo pasaron de unos a otros y, ya, no vi más a mi Daylán Kifki. La ortografía de María Helena, es complicada. La admiro mucho, ayer cumplió 10 años de muerta. Creo que seres como ella, viven eternamente, en los corazones de quienes la amamos.

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