MARÍA ELENA WALSH, UNA VOZ INOLVIDABLE, A 10 AÑOS DE SU PARTIDA

El 30 DE JUNIO DE 2021 el Instituto Literario Marta de Paris me convocó para disertar sobre la obra con destinatario infantil de María Elena Walsh

Porque me duele si me quedo
Pero me muero si me voy…

El 10 de enero de 2021 se cumplieron diez años de la desaparición física en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires de María Elena Walsh. Sus restos descansan en el panteón de S.A.D.A.I.C., donde se desempeñó en la Comisión de Cultura, defendiendo los derechos de autor durante 30 años. 

Había nacido en Buenos Aires, en Ramos Mejía el 1º de febrero de 1930. Su papá, Enrique Walsh, era inglés y había enviudado con cuatro hijos varones; se casó con Lucía Monsalvo con quien tuvo a Susana y a María Elena. Él cantaba, tocaba el piano, el violonchelo y el mandolín.

María Elena tuvo una infancia feliz, trepada a los árboles; aprendió a leer jugando a los cinco años en casa de su vecina, a la que llamaban “la nona”. El papá les cantaba rimas y adivinanzas en inglés y español. Les inculcó el amor por la lectura: Charles Dickens, Julio Verne, Perrault, Lewis Carroll, entre otros.

Siempre fue una gran lectora;  también gozaba imitando a los cantantes y zapateadores del cine americano. En su vida realizó muchas actividades, todas relacionadas con el arte: poeta, traductora, guionista, compositora, cantante y actriz.

Se recibió en la Escuela Nacional de Bellas Artes, pero desde jovencita se sintió atraída por las “cárceles del verso”. Con el padrinazgo de Augusto González Castro publicó a los quince años sus poemas en la Revista El Hogar

Otoño imperdonable

En 1947 aparece su primer libro de poesía llamado Otoño imperdonable, que fue distinguido con el Segundo Premio Municipal. Ese mismo año falleció su papá.

Se vinculó gracias al ambiente literario con los poetas más célebres de ese momento. María Granata, María Alicia Domínguez, Jorge Luis Borges, Adolfo Bioy Casares, Silvina y Victoria Ocampo; Horacio Armani y Javier Fernández, formaron parte de ese círculo. 

Por gentileza de MEW consultamos la segunda edición de Otoño imperdonable de 1948. Este libro permite comparar sus comienzos literarios con el camino poético posterior, especialmente en lo que hace a la poesía para niños.  La primera matriz retórica de la poesía de Walsh, es la misma de los románticos españoles y la de los neorrománticos argentinos.

El libro tiene una carta prólogo de Horacio Armani y un poema con razones principales.  La poeta elige en sus composiciones principalmente los metros regulares, la rima consonante y las divisiones estróficas tradicionales. En casi todas las composiciones de Otoño imperdonable predomina un tono grave.

Armani señala los rasgos que él considera valiosos en la poesía de Walsh: el darle voz a la naturaleza o tomar a la naturaleza como objeto privilegiado del discurso poético y al mismo tiempo lo que él llama una vocación melancólica, que consiste en recordar dolorosamente, nostálgicamente la edad pasada de la infancia. 

Destaco el Poema con razones principales, el poema final de Otoño imperdonable, que está dividido en tres partes. La parte número dos tiene cinco estrofas, tres de ellas fueron incluidas en el recital Hoy como ayer que en el año ’82. Susana Rinaldi presentó en el teatro Odeón con la dirección de María Herminia Avellaneda. 

Tuve la oportunidad de asistir a ese espectáculo, donde la Rinaldi se lucía cantando las canciones de Walsh y recitando los poemas de Hecho a mano (1965). El público la ovacionaba, a ella y a María Elena, recién recuperada de sus numerosas operaciones por un cáncer de fémur.

Resulta interesante que un poema perteneciente a un libro del año ’47 pudiera ser utilizado en un recital para un público masivo tantos años más tarde. Este poema anticipa ciertas características de la poesía posterior de María Elena Walsh para adultos, donde el tema es la esperanza, lo esencial de los sentimientos humanos:

II

(…)

Pero digo: -No importa que estén rotas

que se hayan muerto todas estas flores.

Ya volverá la música a sus notas

ya Dios inventará cosas mejores.

Porque veo que el cielo no termina,

y que no muere toda voz que canta,

que la alborada pisa la colina, 

y en azufre y ceniza se levanta.

Alzo mi fortaleza de suspiro

y mi sangre arrancada de una hoguera,

para que sea cierto lo que miro,

y que no sea lo que Dios no quiera. (…)

En este poema al igual que en “Como la cigarra”, escrito veinte años más tarde, la voz poética plantea el tema de la renovación de la vida, del tiempo cíclico. Llama la atención la profundidad literaria de poemas escritos por una adolescente. Este libro fue elogiado por dos poetas consagrados con el Premio Nobel de Literatura: el chileno Pablo Neruda y el español Juan Ramón Jiménez. A diferencia de otros grandes poetas, MEW nunca renegó de este primer libro. 

Juan Ramón Jiménez, que había llegado a Buenos Aires junto con su esposa Zenobia Camprubí,  la invitaron a su casa en Maryland, Estados Unidos, donde asistió a la Universidad con una beca, durante seis meses, con permiso de su madre, a los dieciocho años. La compañía de Juan Ramón y su exigencia desmesurada de perfección paraliza la vena poética de la joven Maria Elena.

El folklore de maría elena

A los veinte años, ya de regreso en Argentina, escapa a todo lo que se esperaba de una joven de ese momento. Dejando en Buenos Aires a su novio Ángel Bonomini, decide un viaje a Europa, con destino a París.  En el barco, durante la travesía, con la compañía de la folkloróloga tucumana Leda Valladares, ensayan ritmos folklóricos con un bombo y una caja, y se constituyen en el dúo “Leda y María”.

La Ciudad Luz estaba en plena posguerra, la vanguardia existencialista se desarrollaba en el Café de Fleurs, donde compartían discusiones el filósofo Jean Paul Sarte y la autora de “El segundo sexo”, la escritora Simone de Beauvoir. 

El dúo Leda y María trabajó cantando música folklórica argentina en distintos cabarets, donde compartieron escenario con  Jaques Brel, Charles Trenet, Ives Montand, Barbara, Juliette Greco y una joven promesa: Charles Aznavour. Recibieron el apoyo del público y grabaron varios discos en Londres y París.

Cuando regresan a Buenos Aires recorren con el dúo las provincias del noroeste, recogiendo coplas y canciones originarias. María Elena trae de Europa los versos para niños, que todavía no publica pero que le nacieron: “pegados a la música”. En sus palabras: “La patria es querida y añorada como la niñez, y quizás por eso, por nostalgia, por ganas de volver a jugar en mi propio idioma, empecé a escribir versos para chicos”. 

Música para niños

En 1960, ya en Buenos Aires estrenó su primera comedia musical infantil: Los sueños del Rey Bombo, con dirección de Roberto Aulés, ocho canciones infantiles, cuya música y letra son suyas y la armonización de Leda Valladares.

Aparecen en esta obra la «Marcha del Michimiau», «El gato Confite», «El Pez Tejedor», «La Bruja». Encerrada en su burbuja, la famosa «Canción de Títeres». La historia del Rey Bombo y la Reina Bombilla, en «Marcha del Rey Bombo». «La ratita Ofelia» y «Canción para vestirse», que posteriormente aparecen en Tutú Marambá.

También en 1960, su primer libro de poemas para chicos, Tutú Marambá, se publicó con un préstamo del Fondo Nacional de las Artes, y en esa época comenzó a ponerle música a esos versos. «Los castillos», «La vaca estudiosa», «Don Dolón Dolón», «Canción del pescador», «La pájara Pinta», «Milonga del hornero» y «Canción de títeres», que integraron posteriormente su espectáculo Canciones para Mirar, ya habían aparecido en ese libro. «La mona Jacinta», «Canción de Titina» y «La familia Polillal», habían aparecido separadamente, en 1960 en Editorial Abril. 

En 1960 ganó el Premio «Martín Fierro» al mejor guión televisivo, por su programa infantil Buenos días Pinky, y la Medalla de Oro de la Asociación Argentina de Autores (ARGENTORES) a la mejor telecomedia, Carola en el Balcón. Es la época del «boom» de los teleteatros femeninos para los cuales escribió MEW, como De todo corazón, con Fernando Siro y Bárbara Ley.

La televisión, hace furor en la década del 60. Pinky es el personaje paradigmático de la televisión argentina. Fue desde locutora, conductora de programas, periodista, chef de cocina hasta actriz. MEW escribía el ciclo Buenos días Pinky, donde Pinky era protagonista y debutaron en televisión Susana Rinaldi y Osvaldo Pacheco.

Walsh también hizo los libretos de Pinkypáticas y los de la historia de la japonesita Susuki Notaro Takemoto Yakazuyi Sakai, en el viejo Canal 7 con Pinky actuando como japonesa. Cuando entrevisté a María Elena en SADAIC supe que gran parte de su producción televisiva destinada a los adultos, no fue conservada por la autora.

Poemas para niños

Los libros de poemas: Tutú Marambá, El Reino del Revés, Zoo Loco; los cuentos infantiles: Cuentopos de Gulubú, El País de la geometría, la novela Dailan Kifki y las comedias musicales para chicos: Los sueños del Rey Bombo, Canciones para mirar y Doña Disparate y Bambuco, forman el corpus de obras en el que el disparate (o nonsense) es el núcleo de la trama de sus textos. Este centro generador alrededor del que se gesta toda la poesía para chicos de María Elena Walsh, y una parte de su obra en prosa, tiene hondas raíces folklóricas tanto españolas, como de habla inglesa.  

Walsh fue la primera en tomar la literatura para niños, el teleteatro, la película apta para todo público y la canción popular, que en los ’60 fueron considerados subgéneros de consumo masivo, para convertirlos en un espacio para la reflexión que provocan el humor y la trasgresión del orden existente, difundiendo poesía en un registro coloquial. Esto le valió el desprecio de muchos poetas, que no vieron lo revolucionario de su postura.

Emplea los modernos medios de comunicación durante esa década y la siguiente, para difundir sus creaciones; es pionera en grabar sus poemas musicalizados por ella y narra sus cuentos en discos de vinilo.

Inaugura con las comedias musicales Canciones para mirar (teatro Gral. San Martín, 1962) y Doña Disparate y Bambuco(1963) otra era en espectáculos infantiles, expresando una necesidad suya de unir el juego, el lenguaje y la música.

De sus discos Canciones para mirar y Canciones para mí se venden más de diez mil copias por título. Figura entre los autores más vendidos del país. Su libro Tutú Marambá alcanzaría, en 1968, su novena edición. Todo esto, teniendo en cuenta que era una artista fuera del “sistema”, es decir que financiaba sus propias ediciones de libros y grababa los discos en modestos estudios que le permitían abaratar los costos y de esa manera resultar más accesible para todo el público.

Ella aprende del folklore una sencillez poética que aplica tanto a la literatura infantil y a su libro de poesía para adultos Hecho a mano, 1965 como a su cancionero. Busca en el folklore, fundamentalmente argentino, los ritmos y el tono que más le atraen. 

canciones para adultos

En la década en que Walsh publica su obra para niños, en el país imperaban la represión política y social y perduraban la censura y la autocensura. No se percibió en el momento la revolución copernicana que implicaban sus textos.

El absurdo, el disparate y el sinsentido no son una mera pátina formal ni un juego carente de sustancia, implicaron un distanciamiento de las reglas del mundo “real” donde impera la lógica, la misma que da origen a las jerarquías, la burocracia, al consumismo y a la guerra.

Invitan al lector a construir otros mundos posibles a partir de la polisemia del lenguaje, para descubrir, fuera del armado de la lógica, que todo se puede procesar de diferentes modos. Su vida fue un testimonio de esa actitud libertaria.

En 1968 apareció su disco “Juguemos en el mundo” y allí demuestra otra faceta, la de juglaresa y compositora de temas rupturistas como: «¿Diablo estás?”, donde revirtiendo la canción tradicional: “¿Lobo estás?” comienza a ejercer su crítica mordaz al mundo adulto. Ella había trabajado en el Paris de posguerra y vivió desde adentro el cabaret literario.

Sus canciones para adultos tienen la huella de las grandes figuras de ese momento, como Charles Trenet y su adorado George Brassens.

Como periodista, colaboró en larevista “El Hogar”, la revista “Realidad”, “La mujer y el cine”, en “Sur”, en “Humor” y en los diarios La Nación y Clarín  entre muchas otras publicaciones. En todos los artículos, así como en poemas y canciones, tiene una marcada defensa del feminismo, faceta que no es tan conocida.

la trascendencia de su obra

En 1978, María Elena informaba a la prensa que no seguiría componiendo ni cantando. A diez años del estreno de su espectáculo Juguemos en el mundo, la juglaresa de Buenos Aires había decidido no jugar más. Entre el ’76 y el ’78 las presiones de la censura eran muy fuertes.

Para el gobierno militar María Elena era una figura molesta, que pasó a integrar las listas negras del régimen a partir de su artículo Desventuras en el País Jardín de Infantes, publicado en el diario Clarín del 16 de agosto de 1979. En este artículo denuncia el tema de la censura como mecanismo paralizante y compara a todos los habitantes del país con niños, ya que ninguno puede ejercer sus derechos libremente:

“En lugar de presentar certificados de buena conducta o temblar por si figuramos en alguna ‘lista’, creo que deberíamos confesar gandhianamente: sí, somos veinticinco millones de sospechosos de querer pensar por nuestra cuenta, asumir la adultez y actualizarnos creativamente, por peligroso que les parezca a bienintencionados guardianes”.

María Elena Walsh – Desventuras en el País Jardín de Infantes, diario Clarín del 16 de agosto de 1979

Continuó siendo un referente moral en los años de plomo y tuvo coraje para defender los ideales del pacifismo y la democracia con todos los gobiernos.

María Elena ha tocado una cuerda muy profunda a la que pocos elegidos tienen acceso y casi nunca en forma masiva.

Su obra ha sido traducida entre otros idiomas al inglés, al francés, al hebreo, al italiano, al sueco, al finés, al guaraní, al danés, al japonés. Numerosas escuelas, bibliotecas y plazas de la Argentina y el Uruguay llevan su nombre, como por ejemplo la Plaza María Elena Walsh en el Barrio San Cayetano, de Gral. Roca, en Río Negro, y la Plaza Manuelita en la ciudad de Pehuajó.

Sus canciones fueron grabadas en discos, casetes, CD, reeditadas e incluidas en repertorios de grandes intérpretes internacionales. Sus comedias musicales para chicos se siguen representando con éxito. Su amada compañera, la fotógrafa Sara Facio, es la heredera de su propiedad intelectual y ha creado la Fundación María Elena Walsh para continuar con su legado: https://fundacionmariaelenawalsh.net.ar/

María Elena nos ha dejado, pero el tesoro de su poesía pertenece al imaginario colectivo de los argentinos y al conjuro de su palabra volverá nuevamente a estar entre nosotros, como la cigarra, mientras haya un niño y un padre que le cante al oído, “porque el idioma de infancia es un secreto entre los dos”.

Coordinaron la reunión: 

Graciela Bucci

María Paula Mones Ruiz

David Sorbille

Escritores Invitados:  

María Fernanda Macimiani (Cuento)

Cristina Pizarro (Poesía)

Alicia Origgi Audio.

Soneto » Zafiro» de Nélida Pessagno, acorde a la temática.

2 comentarios en «MARÍA ELENA WALSH, UNA VOZ INOLVIDABLE, A 10 AÑOS DE SU PARTIDA»

  1. FELICITACIONES A LA GRAN INVESTIGADORA DE MEW QUE NOS REGALA LA POSIBILIDAD DE CONOCER CADA DÍA UN POCO MÁS LA VIDA Y LA OBRA DE ESTA ESTUPENDA ESCRITORA QUE DIO UN GIRO EN LA LITERATURA INFANTIL. GRACIAS POR TU AMOR AL CONOCIMIENTO Y POR TU DESEO DE COMPARTIRLO. GRACIAS MANUELITA!!!

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